Reconociendo la dualidad de ser un individuo y parte de una comunidad

La Comisión de Tránsito de Toronto, de aquí en adelante abreviado a TTC tiene un programa de “Arte en Arquitectura” bastante interesante. Muchas de las estaciones de metro tienen arte público incorporado como parte del diseño de la estación. De vez en cuando me gusta sentarme junto a la ventana y mirar los detalles de cada diseño en cada parada. La parada de subte de mi oficina se llama Leslie y la imagen de arriba muestra "El Ampersand". Una obra de arte diseñada y desarrollada por el artista canadiense Miqueas Lexier. En 1997 juntaron 3,400 muestras de escritura de distintas personas alrededor de la ciudad de Toronto, incluyendo estudiantes, residentes en los barrios cercanos, pasajeros del TTC, empleados y niños. La estación está cubierta con más de 17.000 azulejos. Cada uno es una reproducción de estas muestras manuscritas y tiene el signo de & estampado en formato estándar en el medio. No sé si fue una coincidencia o si lo que sucedió aquella mañana estaba destinado a ser.

El martes pasado, alrededor de las 8:00, tomé el tranvía frente a casa, auriculares puestos con la Sole como música de fondo. En la primer parada suben una chica de unos 27 años seguida por un chico de más o menos la misma edad. Los dos vestidos de oficina, bastante elegantes. Ella con un bolso grande de mano, el celular en una mano, un café en la otra, tratando de pagar y de no perder el equilibrio en tacos. Dado que no había ni un asiento libre, algo iba a tener que guardar para poder sostenerse una vez que empezáramos a movernos. Con tantas cosas en las manos, levanta la mirada, se saca los audífonos, sonríe y le pide al chico si puede tenerle el café. Él con una sonrisa le dice que sí, la ayuda con el café y la ayuda a guardar sus cosas. Un acto de amabilidad genuino, ya que no parecía hacerlo por obligación, ni con cara de molesto. Por el contrario lo hizo con una sonrisa y empezó una conversación. Sorprendida e intrigada por este momento, pare la música y escuche lo que decían. Durante las siguientes cuatro paradas hablaron sobre sus trabajos, y sus planes para el verano y los fines de semana ahora que el clima esta mejorando. Fue una conversación simple, pero por lo que pude ver y escuchar la disfrutaron. La verdad, la mañana me hizo ver a dos personas completamente extrañas disfrutar de una conversación sincera a raíz de un pequeño acto comunitario. No se como habrá terminado la historia, porque me baje para ir al subte... pero me quede pensando... que loco! una petición de ayuda se convirtió en un acto de amabilidad, que se transformó en una conversación, que a una simple espectadora (es decir yo) le dio un momento de alegría para empezar bien el día. Bueno, como les decía no se si fue coincidencia o que, pero esa misma mañana sin ningún motivo en especial decidí detenerme a leer la placa que explica el arte de la parada de subte de la oficina.

Algo que hace dos meses vengo viendo, justo ese día paré a leer un mensaje que describía exactamente lo que acaba de observar.

"La imagen fue hecha con la ayuda de un amplio espectro de personas y deja para la posteridad sus personalidades…sin embargo, las marcas  son anónimas. Las personalidades se expresan a través de la escritura y uno no puede dejar de especular sobre el género, la edad, o incluso la ocupación de la persona que firmó el azulejo. Esta obra reconoce la dualidad de ser tanto un individuo como parte de una comunidad"

Mientras caminaba hacia la ofi me puse a reflexionar sobre lo que había visto y leído y me di cuenta que una de las cosas que más me gustan de Toronto es la sensación de comunidad que hay en la ciudad, a pesar de su tamaño. Llegué a la conclusión de que es importante reconocer la individualidad de las personas dentro de una sociedad, pero es igual de importante reconocer que ningún hombre es una isla y que todos somos parte de una comunidad. Que nuestras acciones individuales afectan a otros independientemente de nuestras intenciones, y que interactuar entre nosotros y respetar a los demás es fundamental para el funcionamiento de una sociedad.

Yo crecí en una cultura que está altamente basada en “colectividad y comunidad”. Conocido como el “amiguismo”. Paraguay es país donde uno nunca tiene que enfrentar una dificultad completamente solo. El ejemplo que siempre doy es que cuando tenés visitas en casa, y mencionas que te falta un colchón, recibís cinco llamadas ofreciéndote uno y otras cinco de distintas personas ofreciéndote esa habitación de huéspedes que no van a necesitar ese fin de semana. Tuve la suerte que cuando me fui de Paraguay cambié una comunidad por otra igual de unida. En Notre Dame, la mayoría de las personas estaban dispuestas a ayudar. Ya sea para mover muebles, instalar las habitaciones estudiantiles, llevarte a algún lugar si no tenías auto, hasta prestarte el auto, o... en cuanto a estudios, tomarse unas horitas para ayudarte a entender algún tema que te estaba dando problemas. Actos de amabilidad, bondad, comunitarios, sin pedir nada a cambio y con buena voluntad. Pero una vez que terminé la facu y pase al mundo real me di cuenta que no todos son así.

Dentro de los estudios interculturales , Estados Unidos es considerado uno de los países más individualistas. Y no es algo malo, de hecho me animo a decir que es el individualismo y la ambición que resulta de él lo que en cierta manera le permite a ese país avanzar de una manera poderosa y ser la potencia que es hoy. Cada tipo de cultura y ambiente tiene sus beneficios es importante reconocer eso y respetarlo. Hay muchas personas que prosperan en un entorno tan individualista, yo puedo ser competitiva y ambiciosa, pero amo y prefiero sentir que soy parte de una comunidad y una fuerza colectiva.

No quiero dejarme llevar por el tema y empezar a charlar sobre los detalles de los estudios interculturales que aprendí en Dinamarca, un país polo opuesto en el espectro cultural en comparación a Estados Unidos (para leer sobre los estudios interculturales investiguen a Hofstede o por ahí lo charlamos en otra vuelta). Quiero volver al punto principal de esta historia. El punto es que esa mañana un acto de cordialidad, una conexión entre dos extraños, me hizo dar cuenta de lo importante que es ser parte y participar de la sociedad en la que vivimos. Me di cuenta que Toronto tiene un sentido de comunidad más fuerte que en los últimos lugares en los que viví, y que estoy agradecida de poder ser parte de ella.

Canadá como país tienen un puntaje de individualismo bastante alto (80 comparado con los 91 de EEUU), pero Toronto tiene tanta gente, tanta gente de todas partes del mundo, que para mi alguito de “comunidad y colectividad” se infiltró. Tal vez no es así, tal vez me lo estoy imaginando y así voy romantizando una ciudad que me encanta. Tal vez es cierto que los canadienses son re buena gente y los estoy confundiendo con comunidad. Pero si hay algo que puedo decir con certeza es que agradezco ser parte de una sociedad que reconoce la personalidad e individualidad de cada uno de sus miembros, pero que al mismo tiempo reconoce y respeta la importancia de participar en la comunidad, para seguir todos juntos para adelante. Se siente funcional, se siente bien, y eso… me hace feliz.

Bue se hizo un poco largo el blog che... Saludos y buena semana!

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