"Amo los días en los cuales mi único problema es Té o Café"
Cada mañana entro a la cocina y me detengo frente a la mesada. Por un lado la cafetera Nespresso y sus cápsulas coloridas gritan mi nombre. Por otro lado dentro de un jarrón de cerámica roja con las palabras "Mantén la Calma y agrega Azúcar", los saquitos de Te me ruegan que elija a ellos. Té o café? El dilema que tengo cada mañana, no sólo porque soy una persona indecisa a la hora de tomar decisiones sobre tema menores, sino porque además puedo decir con toda honestidad que me encanta tanto un buen cafecito como una buena taza de té. Esta mañana elegí tomar un café.
Para mí un buen café, es como un buen vinito para el conocedor de vinos. Me encanta poder elegir entre una infinita variedad de sabores, me fascina aprender sobre las distintas técnicas de preparación, me gusta leer sobre el origen de los granos de café, y por encima de todo me apasionan las tradiciones y lo que representa en distintas culturas. Sentada junto a la venta, mirando la gente pasar y tomando mi taza de café con leche me puse a pensar: ¿Cuándo, cómo, por qué me empezó a gustar el café? ¿Qué es lo que más me gusta de él? ¿Es el sabor? ¿Es lo que representa? Tantas preguntas generadas por una bebida, que para un número infinito de personas es sólo una parte de su rutina diaria. Hoy, quiero responder a una de mis preguntas que hasta cierto punto puedo investigar científicamente: es el gusto lo que hace que me guste tanto el café?
El sabor a café es lo que a mí me gusta llamar un "sabor adulto", tanto como el vinagre balsámico, el aceite de oliva e incluso el chocolate negro; es un gusto que se adquiere con el tiempo al consumirlo una y otra vez, inicialmente en pocas cantidades y versiones livianas, pero con el tiempo vamos creando una tolerancia y buscamos alternativas de sabores más fuertes. Es raro conocer a alguien que le haya gustado el sabor de un café negro desde del primer trago. Leyendo sobre las papilas gustativas encontré un artículo, que argumenta que los seres humanos nacemos con una atracción natural hacia los sabores dulces, desarrollamos el gusto a los salado a los pocos meses, y en un principio tenemos una fuerte aversión a los sabores amargos y agrios. Si nos ponemos a pensar, tiene sentido ya que los alimentos que contiene azúcar (en su forma natural) proporcionan mayor cantidad de energía y varios elementos tóxicos son amargos. Este argumento explicaría por qué, en un principio, la mayoría de las personas no se enamoran del sabor a café. Al mismo tiempo, este argumento sólo es relevante si reducimos la ciencia de la degustación a su forma más básica. En realidad la experiencia de degustar es mucho más compleja y altamente impactada por el olfato. De hecho, el 80% de lo que saboreamos durante una degustación está relacionado a nuestro sentido del olfato. Por supuesto, nada es simple cuando empezamos a hablar sobre la ciencia detrás de un tema. Por lo cual, la última cosa que quiero plantear, y juro que esto de alguna manera tiene que ver con por qué me gusta el café, es que debido a que el sentido del olfato está junto al cerebro, los olores que percibimos como buenos o malos están altamente relacionados a las memorias, el estado de ánimo, el estrés, la experiencia que vivimos en ese momento.
Bueno, dejando la ciencia de lado, vuelvo a pensar y filosofar, no me acuerdo de mi primer café, pero si recuerdo que al igual que mis otros "sabores adultos" fue algo que en un principio me costó "amar". Mis primeros cafecitos fueron café con mucha leche, la leche le corta el gusto amargo y la da un toque dulzón. Con el tiempo me fui acostumbrando y así logré tolerar el cappuccino y los cortaditos. No fue hasta que viví en Italia que empecé a tomar espressos, ya que allá el café con leche sólo se acostumbra por las mañanas. Lo más emocionante de desarrollar el paladar de forma lenta es el descubrimiento de distintos sabores y los aromas que los acompañan. Todavía sigo desarrollando el paladar, tratando de aprender a reconocer hasta los sabores más sutiles, sin tener que leer la descripción del paquete. Al igual que la degustación de vino, degustar café es todo un arte y antes del primer trago hay que sentir el olor, y el olor a café es uno de mis aromas preferidos. Puede ser que me encante el aroma a café porque mi cerebro lo asocia con buenos recuerdos o simplemente porque la primera vez que lo sentí decidí que era un rico olor. Sea como sea, me encanta pararme al lado de la cafetera o moler los granos en casa y sentir el olor mientras se va preparando, se me hace agua la boca.
Entonces, es el gusto lo que me hace amar el café? Quisiera decir que sí, pero no puedo. El sabor y el olor que van mano en mano me parecen deliciosos y sí puedo decir que son una gran parte de la razón, pero por otro lado no me siento cómoda diciendo que son la única razón. Para mí, el café es más que una rica bebida. Es una experiencia que va más allá que una rutina diaria, más allá de los sentidos, pero esa es otra historia, para otro día, y para otra taza de café.
Este blog fue inspirado por un taza de:
Café Nespresso Indriya de la India Poderoso y especiado. Los granos de café Arábica y Robusta elegidos para esta mezcla son cultivados en el sur de la India, a la sombra de grandes árboles que también dan cobijo para el crecimion de especias como la pimienta. El Robusta utilizado proviene de plantaciones ubicadas a elevadas alturas y es un café muy puro, intenso, y ligeramente amargo. Es un espresso con mucho cuerpo que posee una personalidad distintiva gracias a las especias utilizadas incluyendo pimienta, nuez moscada y clavo.
